miércoles, 23 de agosto de 2017

Fiestas de mi pueblo

Después de repasar imágenes de estos días de fiesta en honor a la Patrona, tanto las publicadas como las familiares, me han dado ganas de escribir. Al margen de los dimes y "diretes" publicados, tengo que reconocer que hacía tiempo no veía tantos vecinos y amigos repartidos en todos los actos. El amplio abanico de actividades dio pa' mucho. Mis recuerdos más hermosos están vinculados a esta fiesta de mi pueblo.

El concierto de Rosana Arbelo en la Plaza de la Patrona, supuso un regalo para mí, un placer escuchar su música y tenerle tan cerca. Un día memorable.
Pasear por sus letras, es tomar la medida al mundo que nos rodea, con su sensibilidad y cercanía nos llena el corazón de valentía. El cielo de Candelaria, se rindió al poder de su arte. Nos regalo un "queremos más" y la sencillez la convierte en un ser querido y admirado.







El acto del programa de mano de la ceremonia de Los Guanches, me inyectó en vena el orgullo de provenir de una familia dónde vestirse de guanche, tocar los bucios y acompañar a la virgen el día 14 de agosto, era más que una tradición, más que una promesa, Isidoro Pérez (tío-abuelo político) y sus hijos, les recuerdo como les veía bajar la Calle Santa Ana dirección a la plaza para la representación y el respeto que ofrecían aún me acompaña, al igual que el sonido del bucio de Rosaura Marrero Fariña, mi tía-abuela que todavía si cierro mis ojos y evoco su rostro, me devuelve el recuerdo unos ojos limpios y nobles que tanto cariño me ofrecieron. Como no sentirme orgullosa de Los guanches, que cada año representan mis raíces y este año especialmente, he visto a Fernando Fariña tocar el bucio con el arte y el aplomo que da llevar sangre guanche en sus venas. Esos hombres y mujeres que siguen con la tradición merecen mi respeto y agradecimiento.
Elías Torres 













La imagen de la Morenita por las calles de mi pueblo, brilló como nunca, estoy segura que eso también es por la necesidad de creer, de tener fe, de que la esperanza nos acompañe y en su imagen evoquemos nuestros deseos más íntimos.
Noche de parrandas en memoria a Rosaura Marrero Fariña, volvió una noche más a unir los corazones de parranderos, estoy casi segura, que se paseaba con su cesta de pescado a la cabeza entre timples, guitarras y gargantas privilegiadas que entonan una Isa, o Folia con el alma que nuestros cantadores lo saben hacer. ¡Ay! Mi Eloísa, que parece que fue ayer cuando te fuiste.







Con los corredores llegando a la plaza después de recorrer los kilómetros que nos separan de la capital, esa multitud multicolor con un ramo de flores en sus manos, entre ellos también miembros de mi familia ofrecen su esfuerzo con sonrisas, un ejemplo a seguir cada día.




Este año, además le han dado un vuelco a la Ofrenda a la Patrona, y... volvieron a llevarme a mi infancia y a los relatos de mi abuela y madre, sobre nuestra fiesta.

El camión, tan presente en mis ancestros, mi abuelo camionero en aquellos tiempos, imposible no hacerlo presente con el pensamiento. Así como, a los pescadores, los de verdad, acercándonos a lo auténtico de nuestro pueblo.



Los figurantes muchas caras conocidas, y la música de nuestra tierra endulzando de fondo.
El reconocimiento a las lecheras de antaño, como bisabuela Emilia Petra Alonso Pérez, que recorriendo las veredas, repartió leche de sus cabras para sacar a su familia adelante, tengo el orgullo de contar que, mi bisabuela "la milita", me enseñó a ordeñar cabras y luego su hijo, mi abuelo Pablo. El arte de conectar con la tierra y regalar fuerza para hacerme fuerte ante la vida.

Como, no sentirme orgullosa de todos, hasta de aquellos, que con sus críticas, lo que buscan es que las cosas se hagan bien. Espero que el próximo año podamos relatar que han mejorado aún más y que cada participante de la fiesta provoca en los corazones, lo que hoy a mí, un vuelco de orgullo y esperanza porque la labor continúa.

Con todas las medallitas y estampitas que vendí en la tienda del convento con su imagen morena, haciéndolo como mis antecesoras me enseñaron, sin olvidarme de Clementina, esa mujer que sólo pudo regalarme cariño, y amor al trabajo por La Virgen. Cuantas anécdotas nos regalaron "los romeros", cuántas lágrimas vimos al otro lado del mostrador, cuantos milagros nos relataron... Somos un pueblo con multitud de caminos o veredas y todas con un destino La Basílica de Nuestra Señora de Candelaria. Con el deseo que la sonrisa de Jesús Mendoza, igual que tantas veces me regalo brille en el cielo. Me despido hasta el próximo año, si la Virgen de Candelaria, así lo quiere.

Nota: las imágenes aportadas son mayoritariamente publicadas en redes sociales, otras del archivo personal.


domingo, 25 de junio de 2017

Elegir no llevar una cesta a la cabeza


Revisar fotografías antiguas tiene mucho de revivir la VIDA. Repasando imágenes de mujeres campesinas en los campos tinerfeños, acarreando sobre sus cabezas grandes cestas de pescado recorriendo los caminos, piñas de plátanos de treinta y cinco kilos desde las plataneras hasta los salones, sólo se entiende cuando una madre, la mía, hace un rulo anudado con un paño y te lo coloca en la cabeza, estuvo ratos de gran paciencia para que yo fuese capaz de llevar una pequeña cesta, pequeña, de papas recién recogidas hasta la bodega donde se almacenaban. Nunca conseguí cargar con decencia una pequeña cesta, terminaba abrazándola entre los brazos, se me arañaban del roce pero no me quejaba, porque no era capaz de hacerlo como mi madre me enseñaba.

Así que, mis habilidades eran utilizadas en otras labores, lo de cargar en la cabeza no era lo mío.

Aquella madre que me trasmitía sus enseñanzas, supongo que se vería algo frustrada porque yo no pudiera llevarlo a cabo, y cuando miro esas fotos de otras mujeres me siento en deuda con ellas porque no sólo trabajaban en las labores más duras e ingratas sino que lo hacían con dignidad y una sonrisa.

En la finca de Punta Larga, me cuenta, que tenía que llevar cestas cargadas de “estiércol” hasta el lugar destinado para tratarlo más tarde como abono natural, de esas cestas pestilentes bajaban algunos “bichitos” indeseados y aún así no tiraban la carga y conseguían depositarla en el suelo sin que se esparciera. Una escena que ahora mismo no se daría, porque tiraríamos el recipiente lo más lejos posible de nosotras y acompañados de gritos de histeria. Pero eso hace grandes aquellas mujeres que en los años 50 y 60 participaron en la construcción de una nueva sociedad en Candelaria.

El agua, ese tesoro que no valoramos lo suficiente, porque sólo tenemos que abrir el grifo de casa, y sale un buen caudal. Mi madre me cuenta, que ella tenía que bajar desde el barrio de Santa Ana hasta Amance dónde estaba el chorro del agua, subir con un bidón a la cabeza por El Paso, el que conozca el lugar sabe que ahora está con escalones de cemento, pero antes los escalones eran de callados de la playa y arena. Ese líquido tan preciado lo mismo era para beber, cocinar, como para asearse o lavar la ropa, se imaginarán que con un bidón sólo no daba para tanto, cuando en cada familia el número de hijos tenía una media de seis.  

Si ahora se hiciese una “yincana” como en las fiestas de mi niñez, en el paseo de San Blas, deberíamos poner una prueba que fuese llevar una cesta cargada a la cabeza, y teniendo que prepararse el “rulo” cada uno. Estoy segura que esta prueba no la superaríamos, los trabajos duros de antaño han dado paso que no se consideran duros ahora, pero si nos paramos a observar a cualquier mujer nos daríamos cuenta que las labores han cambiado pero el esfuerzo no tanto.



Que me dirían de una mujer que se levanta a las seis de la mañana, para ir a trabajar, las que somos afortunadas y salimos fuera de casa, para poder hacerlo, han tenido que dejar lista la comida del día, la casa media recogida, hacer su labor por la cual recibe un jornal, que según las estadísticas, peor pagados que el mismo trabajo desempeñado por un varón. Y cuando termina la jornada remunerada, le espera la organización familiar, los hijos “chicos” si los tiene su cuidado y educación, las actividades complementarias sociales, que siempre las hay. Muchas consiguen alargar el tiempo para poder ver la tele, comunicarse por las redes sociales, leer, organizar el día siguiente y además llegar a dormir ocho horas. En el café de la mañana en mi trabajo, que comparto con otras mujeres, siempre nos quejamos de lo mismo: No me da el tiempo…, no nos da porque queremos seguir moviendo el mundo igual que antes lo movían nuestras madres y abuelas. Y que cuando nos digan que una tal Marie Curie es portadora de dos premios novel de química y física, nosotras no nos extrañemos, lo extraño es que los intelectuales del momento se lo entregasen a una mujer.

Es ahora cuando los noticieros nos recuerdan las mujeres asesinadas, sólo por serlo. Nos da un pellizco en el alma, y vemos que nos siguen matando. En países más alejados del nuestro, son las mujeres las que a sus espaldas siguen acarreando las cestas con té en China, las que en Bolivia atraviesan barrancos para hacer trueque, las que en África llevan el peso de su comunidad… En fin, unas en tierras lejanas, otras al cruzar la calle. Todas moviendo el mundo.

Mi madre no verá como acarreo cestas a la cabeza, pero debo contar que ella lo hizo igual que muchas como ella, y gracias a eso, yo pude elegir no llevarla.

viernes, 2 de junio de 2017

Trino Rodríguez Delgado



Trino Rodríguez Delgado, nace en Candelaria el 17/07/1901, aunque en su DNI aparece la fecha del 18/07, una casualidad significativa en su vida marcada por los números, porque más tarde, el 18/07/1936, cuando oficialmente culmplia años, el militar que encaminaría el destino de los españoles se alzaba, en una España convulsa, y ordenarían el encarcelamiento de Trino por ser concejal en el Ayuntamiento de su pueblo, Candelaria. Pero esta historia la dejaremos para otra ocasión.
En el censo electoral de 1932, cuando en España votaban por primera vez las mujeres, Trino Rodríguez Delgado consta con 30 años, vecino en el Marrubial, dónde lo fue hasta su muerte el 16/01/1970, y en dicho censo como curiosidad aparecía que sí sabía leer y como profesión chauffeur.

El devenir de los años, la situación especialmente dura en nuestra Isla, lleva a muchos a emigrar a la otra orilla del charco, y Trino cruza a Venezuela en varias ocasiones, constancia de ello es el documento datado en 1950, cuando solicita poder salir del país.



Había formado una familia numerosa de primera categoría, junto a su esposa Rosa Benita Marrero Torres, casaron el 24/01/1927. Tuvieron seis hijos, todos fueron emigrantes en Venezuela, salvo Fabiana Fortunata (Chicha), que nunca se ha subido a un avión y que decidió quedarse en esta Tierra, y no probar fortuna lejos de su pueblo.

De esta familia, nacen tantas ramas y tan fuertes como la varas de nispereros, pegados a las raíces como cepas de la mejor vid. A mis primas y primos debo estas líneas prometidas desde hace mucho. Ellos los “mayores” que disfrutaron de los abuelos con el conocimiento que hacen los años, a pesar de la distancia del Atlántico,
Trino, junto a sus hermanos mayores Gregorio y Salvador, impulsaron diferentes aspectos culturales de Candelaria, su hermano Gregorio fue el presidente de la pretendía ser la Banda de Música de 1936 y que no pudo ser. (1)
Gregorio, además en el año 1930 llegó a ser alcalde accidental.
Trino participó en la creación de la Sociedad “Patria y Unión”, como vocal de su junta directiva.  Y fue 2º Teniente de Alcalde de Candelaria. (1)
Como se puede observar se constata la vinculación de esta familia con aspectos más o menos notables de la historia de Candelaria. Y sus descendientes de una u otra manera, en un lado u otro del Atlántico siguen desarrollando actividades artísticas que nos recuerdan a nuestro abuelo Trino. Fotógrafas, artesanas, músicos, y algunos que enredan palabras. Un denominador común, la sensibilidad para ver la vida de un color especial.

Bibliografía:
(1)  Datos recogidos de los artículos de D. Octavio Rodríguez Delgado, publicados en su blog.
(2)  Fotografías y documentos del archivo personal.
(3)  Censo Electoral de 1932, Blog Gen de Candelaria de D. Elías Torres Mesa.

sábado, 6 de mayo de 2017

Gen de Candelaria: Cha CarmelaUn libro de "cuentos" de DESCARGA G...

Cuando nos encontramos tesoros escritos por otros autores, creemos que compartirlos es una obligación. Ahí va uno de ellos.

Gen de Candelaria:


Cha Carmela
Un libro de "cuentos" de DESCARGA G...
: Cha Carmela Un libro de "cuentos" de DESCARGA GRATUITA. Cuando hace unos meses le dedicamos una publicación al  ...

jueves, 27 de abril de 2017

Casa Lala y el enredo con las letras


Fotografía de la página de Facebook, Candelaria Forever, autor Brito. Al fondo dónde estaba ubicado el estanco, actualmente Lala está jubilada y el inmueble está ocupado por una administración de loterías.




El estanco de “Lala” era un pequeño mundo por explotar. Cuando mamá me mandaba a comprar hilos de la mejor marca, sobres de avión para enviar cartas a Venezuela, o simplemente a no sé qué, para mí era un placer. Recuerdo el pequeño mostrador de cristal y aluminio que dejaba entrever lo que podía ser un regalo de cumpleaños, aniversario o lo más evidente un pequeño presente para regalarse uno mismo.
Aquella tarde iba por hilo blanco para coser unos botones que caídos del uso en la camisa de tergal de mi padre, pedían un cambio inminente si quería seguir pareciendo “adecentado”. Contaba además con 100 pesetas para comprarme lo que yo quisiera, todo un capital en aquellos tiempos en los que las revistas de niñas costaban 25 ó 30 pesetas, pero yo ese día dirigí mi mirada al altillo del armario que colgaba encima de la nevera de helados, el sitio más alto donde se escondían entre novelas del Oeste, recetarios de cocina, y... algún pequeño libro de bolsillo que me intrigaba sobremanera que podrían contar entre sus páginas, era tan chica, y lo sigo siendo, que no llegaba ni por asomo al primer estante pero sí existía una butaca de cocina que a modo de escalera me elevaría al más alto de los sueños.
            ¿Qué son esos libros, Lala?, ¿Puedo mirarlos?, la respuesta no se hizo esperar y me subí para ver desde allí un mundo diferente, abajo quedaban las revistas de niñas, el Jabato, El Guerrero del Antifaz, Zipi y Zape,... y allí arriba estaban los de bolsillo, nunca entendí porque se les llamaban así hasta tiempo mucho más tarde, para mí eran simplemente lo nuevo, lo que los mayores disfrutaban sentados en los bancos de la plaza y que yo no había disfrutado, era lo que me intrigaba aquellas letras seguidas y sin dibujos ni fotografía, que cosas dirían... Y allí estaba yo eligiendo uno que costase menos de 100 pesetas para poder descubrir.
            Y encontré uno de tapas azules y un dibujo que parecía una niña, el título: “Ojos de Perro Azul”, de García Márquez, ni sabía yo quién era el escritor y menos de que trataba aquel libro, pero lo escogí de entre unos cuantos. Y costaba 100 pesetas que podía pagar. Baje de aquella butaca llevando en mis manos mi preciado tesoro y sin saber de qué trataba ya lo cuidaba como una joya... sigue estando en la estantería de mi casa, con hojas amarillas, despegadas y alguna doblada pero después del paso de los años sigue siendo mi primer joya literaria, la primera que dio paso a un sinfín que forma parte de mi mejor legado, los libros.
            No imaginaba Lala que ese día forma parte de mis más entrañables recuerdos, y de una forma u otra de mi formación intelectual.
            Ahora ya no se venden revistas y libros junto a otros mil artículos que mis ojos del alma repasarían mil veces para volver a mi niñez, ahora son otras ilusiones las que vende, pero el enredo de las letras nos unen a élla y a mí para siempre. El unir los dedos a las teclas de una máquina de escribir, se convirtió en mi primera manera de ganarme unos duros para seguir comprando libros, y de eso también me ayudó Lala.
            Cuando los Domingos bien temprano me dirigía a “echar” unas horitas con los curas vendiendo medallitas y otra vez, libros. Le daba los buenos días comprando el periódico y siempre regalándome con la misma actitud amable y cariñosa un pellizco al día que comenzaba. Cuando aparecieron las revistas con patrones y Lala tenía las mejores, mis primeras blusas y faldas con las que paseaba en pandilla fueron sacadas de esas ilustraciones, lo que ahora llamamos glamur y que por entonces yo llamaba elegancia. Y llegaron las fotonovelas que las amigas intercambiábamos, de ahí saque el nombre de un gato callejero que adopté en casa, Federico se llamaba, cuanto se mofo mi padre por el nombre del felino, que era igual a un conocido suyo que vivía en los altos del pueblo.
            Me pregunto por qué Lala aún no se jubila, porqué continúa regalando ilusiones detrás de un mostrador, será quizás porque sin saberlo es pieza clave para que armemos nuestras vidas, los conocidos y los desconocidos, quizás sea porque antes que pierda la memoria y el hilar las palabras deba agradecer a esta mujer lo que ha significado en el paso de mi vida y cuánto de bueno sin quererlo y sin saber cómo ni por qué se hace presente cada vez que miro con los ojos cerrados hacia atrás, o bien, los abro y miro las estanterías del salón plagadas de historias contadas por otros y que destaca aquel libro de tapas color azul cielo con el dibujo de lo que se supone es la cara de una niña... vamos el inicio de un castillo de letras en fila india esperando ser agrupadas convenientemente.

            Llena de recuerdos, con alegría en la mirada y muy agradecida se hilan las letras en tu nombre. Sigue enredando ilusiones que en estos tiempos necesitamos muchos ejemplos para seguir.

jueves, 20 de abril de 2017

MI VECINA




Desde hace unos pocos años y casi por casualidad vivo en una de las calles más emblemáticas de Santa Cruz, en la Rambla Pulido, desde la ventana observo cada día como el Tranvía lleva y trae a transeúntes que como en casi todas las paradas como ésta pasan rápidos y muchas veces sin mirar a los ojos de los que se cruzan, pero otras se saludan cordiales o simplemente sonríen a los de la otra acera, uno de esos días tontos pasados tras el cristal me sorprende el movimiento inusual del piso de enfrente, una mujer de melena al viento se afana en alegrar un piso recién estrenado, cortinas nuevas, sillones en el balcón, plantas que alegran un piso antiguo. Y pasan los días sin volver a reparar en mi nueva vecina hasta que la veo barriendo el balcón, recoge los enseres y pasa las cortinas, al instante ya está en la calle, esbelta, elegante y segura pasea calle abajo mirando escaparates, como me entusiasma esta mujer, está tomando posesión del entorno y la calle, el tranvía, los vecinos y yo la recibimos de muy buena gana. En otra ocasión me la cruzo en el súper de la esquina, mira tú por donde que también le gusta comprar cerca, esta sí va a ser una vecina que viene para quedarse.
Han pasado unos meses desde su llegada y de vez en cuando dirijo la mirada al balcón del piso de enfrente esperando encontrarme con una planta nueva, una nueva cortina, una visita que atiende mi vecina, un perrito que le hace compañía… y no hayo nada de lo descrito, al contrario, ya no la veo ordenar las plantas del balcón, es más, están marchitas sin ser retiradas, el sillón se ha oscurecido del hollín de coches, la mesita parece triste pegada a la pared, es así como está el piso de enfrente. Y cada vez menos se encienden las luces y se corren menos veces las cortinas y poco a poco un gris plomo invade las ventanas que antes explotaban de luz. Mi vecina se desinfló igual que lo hacemos el resto, la alegría que me producía verla en su balcón y paseando por la Rambla se ha vuelto sinsabor y tristeza. Me resisto a creer que se ha dado por vencida, si pudiera le gritaría del otro lado de la calle, desde mi balcón, para que volviera a regar las plantas y estas fueran de un verde intenso, para que paseara con el mismo garbo del principio, para que renaciera llenando de alegría la esquina que ocupa en este trocito de ciudad y sobre todo para que no me deje sola en esta Rambla Pulido llena de palomas, arroz, oscuridad y desasosiego. No lo sabe pero necesito que emita energía como al principio… Igual no sólo yo la necesito.


viernes, 14 de octubre de 2016


Subida a mis tacones

El pump estileto Bilenemacia de Aldo negro y blanco

















Ya he descubierto porque mi relación tan íntima con los zapatos de tacón. Me cuenta mi madre que tenía unos zapatos de bebé que me quedaban estrechos y mi abuelo materno quería comprarme unos nuevos, aprovechando que visitaban Güimar que por aquellos tiempos era cabeza de comarca me llevaron a sacarme unas fotos, se suponía que estrenaría los zapatos recién comprados pero... se olvidó mi madre ponérmelos y la foto salio con los viejos. Ya desde entonces los zapatos se cruzaron en mi camino.

En mi adolescente la compra de ropa y zapatos nuevos se limitaba a las fiestas patronales que se celebraban en Julio. Y yo contaba con la suerte de tener a mi prima Rosa que zapato de tacón que no usaba por alguna causa, me los daba, zapatos nuevos y bien bonitos, el mejor regalo que me podían hacer, recuerdo unos de plataforma de color beige que lleve a las fiestas de San Andrés por alguna causa no olvido aquellos zapatos. Y mis primeras botas negras brillantes de tacón de aguja que mi tía-abuela Amalia tanto le gustaba verme puestas, y unas botas de color calabaza de ante que por aquellos entonces se usaban mucho y que sólo me atrevía a ponérmelas yo por el color tan chillón y difícil de combinar con la poca ropa que tenía.

Y los tenis azules cielo abotinados (imitación barata de los Star), que destacaban absolutamente con cualquier ropaje que me pusiera. Y como sin tacón no era yo... las deportivas con tacón azul marino y blanco que me atrevía hacer deporte con ellos, buenos tobillos que he tenido porque nunca me dieron problema ni una torcedura siquiera.

Cuando empecé la edad del “pavo” los sábados y domingos tocaba paseo por la única calle del pueblo donde la concurrencia era obligada y yo con mis zapatos marrones de tacón alto regalo de mi prima que de tanto pasear por la Calle La Arena siempre terminaba con una ampolla en alguno de mis dedos pero... que bien que todos se fijaban que llevaba tacones.

Hasta para ir a la playa elegía unas chanclas con plataforma cuando empezaron a proliferar diseño tan original, podía ir por la arena y subida a unos centímetros del suelo, tendrá que ver esto con mis ansias de volar y de escalar en la vida o quizás en la necesidad de hacerme notar usando unos centímetros más de lo que la madre naturaleza me otorgo porque metro y medio y 5 centímetros más no es gran altura.


Un día de verano en Murcia, paseaba con mi amiga Dolores y a cada tienda de zapatos que veía mi expresión de alegría iba en aumento, aquellos escaparates llenos de “zapatillas” me alegraban a cada paso, se notaba que estábamos en la parte de España catedral de las mejores fábricas de calzado. Mi amiga después de un buen rato observándome y sin poder aguantarse me pregunta que porqué digo “zapatillas” cuando ella no ve ningún modelo en el escaparate… ¡claro! Para ella “zapatillas” son las “cholitas de levantar”, aquellas maravillas que yo admiraba eran: “Zapatos de tacón”.  Otro motivo más para conversar de algo tan banal como son los zapatos, ya sean de tacón, de plataforma, sin tacón…

Uno de los detalles que más me hacen disfrutar es contemplar unos cuantos pares de zapatos que sólo me he puesto un par de veces, no porque no me gusten o sean incómodos, que va, porque no son diseños para el trote diario, sacarlos de las cajas debidamente apiladas del armario, mirarlos y luego guardarlos como quién guarda un tesoro, parecerá raro pero a mí me carga de energías.

Y que decir de cuando no tengo un día esplendido y me subo a unos taconazos... cualquier decisión se toma con más aplomo, se ven los colores que otras veces no se ven y… me siento la dueña y señora de mi mundo. Lo que hacen unos centímetros ganados a la gravedad.


Mi deseo confesable y espero disfrutar, unos “Manolos” de hace varias temporadas dónde el diseño del tacón imita las patas de las mesillas de noche clásicas, de madera torneada… me imagino calzando esa maravilla caminando por cualquier calle y sintiendo que el mundo se para a contemplar mis pies adornados con tan bello ejemplar… Vamos sueño con esos “Manolos” o cualquier otro modelo de este artista palmero, porque además el personaje más influyente en moda de calzado es canario.

Y mi última adquisición unos zapatos de plataforma azul eléctrico con aplicaciones de piedras blancas brillantes, nada discretos y como el resto descansando en su caja hasta que los vuelva a enfundar para seguir viendo el mundo desde otro vértice, desde mis ojos particulares “comiéndome” el mundo real.